viernes, 27 de marzo de 2015

El Evangelio por Steven Lawson



El Evangelio es muy simple, Jesucristo. ¿Quién de nosotros está cansado de oír del Señor Jesucristo? Él es el Hijo de Dios, el Hijo del Hombre. Enviado a este mundo para nacer de una virgen para que él fuese sin pecado, que Él pudiese nacer bajo la ley, guardar la misma ley que tú y yo rompemos día tras día, tras día. El perfecto, sin pecado, Hijo de Dios ha cumplido a la perfección todos los requisitos de la ley de Dios, y está listo para dar su justicia para que nosotros pudiésemos tener una posición perfecta delante de Dios. Que fue a una cruz; allí fue levantado para morir. Que en esa cruz, los pecados de todos los que creerían en Él fueron transferidos a El. Y al que no conoció pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios. El gran intercambio de la cruz –lo peor de mí puso sobre El, lo mejor de El ahora ahora es puesto sobre mí al derramar Su sangre en la cruz.

¿Cómo podemos diferenciar entre un verdadero cristiano y alguien que está engañado? por Mike McKinley


Tanto los cristianos como los no cristianos pecan todos los días. Ambos luchan con romper los malos hábitos y superar los patrones de debilidad y fracaso. Y no puedo decir que los cristianos sean las mejores personas del mundo en términos de pecados totales cometidos. Podríamos considerar un día cualquiera en la vida de un no cristiano, y es posible que viésemos menos egoísmo, menos ira, menos mezquindad y menos orgullo de lo que veríamos ese mismo día en la vida de un cristiano. Entonces, ¿cómo podemos diferenciar entre un verdadero cristiano y alguien que dice ser cristiano pero que está engañado?

Para responder a esto, echemos un vistazo a una de las parábolas de Jesús:
  “Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos le dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mipadre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse” (Lc. 15:11-24).
 
Esta parábola es particularmente útil para nosotros cuando pensamos en cómo un cristiano responde al pecado. Este joven era un pecador. Insultó a su padre, derrochó su herencia viviendo perdidamente, y cayó a lo más bajo. Esa es la situación en la que muchos cristianos se han encontrado. Pero tres cosas caracterizan la respuesta del hijo pródigo a su pecado, y son las que deben caracterizar la respuesta de cualquiera que sea un verdadero creyente.

viernes, 20 de marzo de 2015

Dios implacable por Paul Tripp



Dios está enojado, y su ira es implacable.

Si estaba
s tratando de persuadir a alguien hacia la fe cristiana, no creo que sea la primera línea que usarías. Después de todo, ¿no es el cristianismo todo acerca de un Dios abundantemente misericordioso que ama a sus hijos? ¿No Nos dice que adoramos a un Dios de perdón, la misericordia, la paciencia y el amor?

Estas dos afirmaciones son completamente ciertas: Dios esta implacablemente enojado y al mismo tiempo lleno de gracia. Esto puede ser una yuxtaposición difícil de comprender para nosotros, por lo que en el devocional de hoy, quiero mostrarte cómo la ira y la gracia de Dios viven juntas en armonía en todo el primer capítulo de Jonás.

jueves, 19 de marzo de 2015

La misericordia de Dios por A.W. Pink



“Alabad a Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia”
Salmos 136:1
 
Dios merece ser muy alabado por esta perfección de su divino carácter. El salmista exhorta a los santos, tres veces en otros tantos versículos, a dar gracias a Dios por este adorable atributo. Y, en verdad, esto es lo menos que puede pedirse a los que se han beneficiado tan grandemente del mismo.
            
Cuando consideramos las características de esta excelencia divina, no podemos dejar de bendecir a Dios. Su misericordia es “grande” (1Reyes 3:6), “mucha” (Sal. 119:156), “desde el siglo y hasta el siglo sobre los que le temen” (Sal. 103:17). bien podemos decir con el salmista: “Loaré de mañana tu misericordia” (Sal. 59:16).
           
 “Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente” (Exo. 33:19). ¿En qué se diferencian la “misericordia” y la “gracia” de Dios? La misericordia nace de la bondad de Dios.

martes, 17 de marzo de 2015

El proceso de la salvación por Charles Spurgeon


"Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿y cómo creerán a aquel de quien no han oído? ¿y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está. escrito: ¡Cuan hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio de la paz, de los que anuncian el evangelio de los bienes!" (Rom. 10:13-15).
Observemos, amigos queridos, que en el versículo 13 de este capítulo, nos es presentado el camino de la salvación en las palabras más sencillas: "Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo." Recuerdo que por espacio de muchos meses mi alma recibió sostén por medio de este versículo.

Yo anhelaba la salvación, pero creía que no había esperanza alguna para mí, y que sería rechazado de Dios por demasiado pecador y duro de corazón para con él, y que otros serían salvados, y yo, perdido. Pero leyendo estas palabras, hice lo que quisiera que vosotros hicieseis; me así de él, lo acepté, me lo apropié, y fue para mí como un salvavidas arrojado a un náufrago. "Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo." ¡Ah!, dije yo: Invoco aquel bendito nombre e invocaré aquel nombre glorioso; aunque perezca, no dejaré de invocar aquel nombre sagrado.