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lunes, 26 de enero de 2015

El chisme malicioso por Charles Spurgeon



"No andes difundiendo calumnias entre tu pueblo sino reprende con franqueza a tu prójimo para que no sufras las consecuencias de su pecado." Levítico 19:16-17

El chisme malicioso derrama su veneno en tres sentidos: agravia al que habla, al que escucha y a la persona que es objeto de la acusación. Sea cierto o falso, la Palabra de Dios nos prohibe difundirlo. La reputación del pueblo de Dios debiera ser muy preciada a nuestra vista y debemos considerar una vergüenza ser ayudantes del diablo en la deshonra de la iglesia y del nombre del Señor. Algunas lenguas necesitan un freno y no una espuela, porque gran cantidad de personas se enorgullecen de tirar abajo a sus hermanos como si eso los elevara a ellos.

Un refugio que no es abatido nunca por Charles Spurgeon



“Aquel varón será como abrigo del viento, Como refugio contra la tempestad” Isaías 32: 2 (BTX)

Todos sabemos de Quién se trata. ¿Quién podría ser sino el Segundo Hombre, el Señor del cielo, el Varón de dolores, el Hijo del hombre? ¡Qué escondedero ha sido Él para Su pueblo! Él propio soporta la plena fuerza del viento, y así protege a aquellos que se esconden en Él. Hemos escapado de esta manera de la ira de Dios, y de esta manera escaparemos de la ira de los hombres, de los cuidados de esta vida, y del temor de la muerte. ¿Por qué nos exponemos al viento cuando podríamos estar pronta y seguramente protegidos si nos ocultáramos detrás de nuestro Señor? Corramos a Él en este día, y estemos en paz.

miércoles, 7 de enero de 2015

La Chequera del banco de la Fe, devocional por Charles Spurgeon

Consistente en preciosas promesas ordenadas para uso diario con breves comentarios prácticos.


Prefacio

Una promesa de Dios puede ser comparada muy instructivamente a un cheque pagadero al portador. Es dada al creyente con miras a concederle algo bueno.
No tiene el propósito de que la lea confortablemente para que luego se olvide de ella. No, el creyente debe usar la promesa como una realidad, como un hombre usa un cheque.

El creyente debe tomar la promesa y endosarla con su propio nombre, recibiéndola personalmente como algo verdadero. Debe aceptarla por fe como suya. Cree firmemente que Dios es veraz, y veraz en cuanto a esta palabra específica de promesa. Pero va más allá, y cree que ya cuenta con la bendición, puesto que tiene la firme promesa de ella, y, por tanto, pone su nombre en la promesa para certificar el acuse de recibo de la bendición.

Hecho esto, debe presentar la promesa al Señor con fe, igual que un hombre presenta un cheque en la ventanilla del Banco. Debe argumentarla por medio de la oración, esperando verla cumplida. Si ha venido al banco del cielo en la fecha establecida, recibirá de inmediato el monto de la promesa. Si el cheque tiene una fecha posterior, debe esperar pacientemente hasta que llegue ese día; pero, mientras tanto, puede considerar la promesa como dinero en efectivo, pues el Banco le pagará con seguridad cuando llegue la fecha indicada.