"No
andes difundiendo calumnias entre tu pueblo sino reprende con
franqueza a tu prójimo para que no sufras las consecuencias de su
pecado." Levítico
19:16-17
El chisme
malicioso derrama su veneno en tres sentidos: agravia al que habla,
al que escucha y a la persona que es objeto de la acusación. Sea
cierto o falso, la Palabra de Dios nos prohibe difundirlo. La
reputación del pueblo de Dios debiera ser muy preciada a nuestra
vista y debemos considerar una vergüenza ser ayudantes del diablo en
la deshonra de la iglesia y del nombre del Señor. Algunas lenguas
necesitan un freno y no una espuela, porque gran cantidad de personas
se enorgullecen de tirar abajo a sus hermanos como si eso los elevara
a ellos.


