Podría
preguntarse por qué se necesita para ella un tiempo especial, siendo
así que todos sus elementos están incluidos ya en el culto común.
Intentaremos explicarlo.
El
tiempo de la meditación diaria debe estar dedicado exclusivamente a
la reflexión bíblica personal, a la oración personal y a nuestra
intercesión personal. Los experimentos espirituales no tienen cabida
aquí. Pero debemos dar a esas tres cosas el tiempo necesario ya que
Dios mismo nos lo
exige. Aunque durante
largo tiempo la meditación no fuese otra cosa que un rendir cuentas
de la pobreza de nuestro culto, ya sería suficiente.
Este
tiempo de meditación personal no es un salto en el vacío sin fondo
de la soledad, sino una ocasión de encontrarnos a solas con la
palabra de Dios. Se nos ofrece así una base sólida sobre la que
afirmarnos y una pauta segura para el camino.
