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jueves, 2 de noviembre de 2017

Los Roles de Género y la mujer soltera





Recuerdo la primera vez que escuché a alguien predicar sobre los roles bíblicos de hombres y mujeres. Las Escrituras fueron usadas para mostrar cómo los hombres son los líderes amorosos en sus matrimonios y cómo las mujeres están llamadas a ayudar y someterse al liderazgo del hombre. Para ser honesta, simplemente no me gustó como eso sonaba. "¿Una mujer es una ayudante sumisa? ¿¡En serio!?" No estaba casada, y sin embargo, mi corazón ya estaba experimentando apasionadamente un deseo en contra de esto, como se predijo en Génesis 3:16. Continué comprendiendo estas doctrinas, me convencí a través del estudio de la Palabra, y llegué a amar y aceptar la verdad de que los hombres y las mujeres tienen el mismo valor pero tienen diferentes roles ordenados por Dios en los cuales deben operar. Vi lo que realmente era ser una ayuda: un llamado y una tarea gloriosa. Sin embargo, llegué a confundirme cuando busqué aplicar estas verdades a mi vida. Casi todo buen artículo y recurso que encontré fueron escritos para mujeres casadas. La mujer casada se somete al liderazgo de su esposo (Efesios 5: 22,24; Col. 3:18); la mujer casada es una ayuda para su esposo (Génesis 2:18); la mujer casada gana a su esposo incrédulo sin palabras por su buena conducta (1 Pedro 3: 1); la mujer casada honra y no blasfema la Palabra de Dios por sus buenas obras (Tito 2: 5). ¿Qué hay de la mujer soltera? ¿Cómo se ve esta doctrina en la urdimbre y la trama de la vida en soltería? En la mano soberana de Dios, él me dio el don de la soltería más tiempo de lo que había anticipado (el Señor me trajo a mi maravilloso esposo Trevor a la edad de 29) y aunque deseaba mucho el matrimonio, también deseaba seguir creciendo en santidad y obediencia a Jesús durante este tiempo. 

domingo, 4 de enero de 2015

Convirtiendome en Ester por Charo Washer



“Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?…”
“Pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7).
“Y cuando llegaba el tiempo de cada una de las doncellas para venir al rey Asuero, después de haber estado doce meses conforme a la ley acerca de las mujeres, pues así se cumplía el tiempo de sus atavíos, esto es, seis meses con óleo de mirra y seis meses con perfumes aromáticos y afeites de mujeres, entonces la doncella venía así al rey. Todo lo que ella pedía se le daba, para venir ataviada con ello desde la casa de las mujeres hasta la casa del rey” (Ester 2:12-13).
Siempre me ha maravillado el tipo de preparación que la futura reina Ester tuvo que atravesar antes de poder ir ante el rey Asuero.

¿Alguna de nosotras querría atravesar doce meses de tratamientos de belleza antes de conocer al hombre de nuestros sueños? Probablemente no, pero aún así, imagina las posibilidades. Un año apartada para un solo propósito: convertirte en todo lo que puedes ser para la persona que más amas. Un tiempo precioso para cultivar la belleza, para hacer una inversión en educación y etiqueta, para fortalecer la virtud y construir el carácter.