Recuerdo la primera vez que escuché a
alguien predicar sobre los roles bíblicos de hombres y mujeres. Las
Escrituras fueron usadas para mostrar cómo los hombres son los
líderes amorosos en sus matrimonios y cómo las mujeres están
llamadas a ayudar y someterse al liderazgo del hombre. Para ser
honesta, simplemente no me gustó como eso sonaba. "¿Una mujer
es una ayudante sumisa? ¿¡En serio!?" No estaba casada, y sin
embargo, mi corazón ya estaba experimentando apasionadamente un
deseo en contra de esto, como se predijo en Génesis 3:16. Continué
comprendiendo estas doctrinas, me convencí a través del estudio de
la Palabra, y llegué a amar y aceptar la verdad de que los hombres y
las mujeres tienen el mismo valor pero tienen diferentes roles
ordenados por Dios en los cuales deben operar. Vi lo que realmente
era ser una ayuda: un llamado y una tarea gloriosa. Sin embargo,
llegué a confundirme cuando busqué aplicar estas verdades a mi
vida. Casi todo buen artículo y recurso que encontré fueron
escritos para mujeres casadas. La mujer casada se somete al liderazgo
de su esposo (Efesios 5: 22,24; Col. 3:18); la mujer casada es una
ayuda para su esposo (Génesis 2:18); la mujer casada gana a su
esposo incrédulo sin palabras por su buena conducta (1 Pedro 3: 1);
la mujer casada honra y no blasfema la Palabra de Dios por sus buenas
obras (Tito 2: 5). ¿Qué hay de la mujer soltera? ¿Cómo se ve esta
doctrina en la urdimbre y la trama de la vida en soltería? En la
mano soberana de Dios, él me dio el don de la soltería más tiempo
de lo que había anticipado (el Señor me trajo a mi maravilloso
esposo Trevor a la edad de 29) y aunque deseaba mucho el matrimonio,
también deseaba seguir creciendo en santidad y obediencia a Jesús
durante este tiempo.
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jueves, 2 de noviembre de 2017
domingo, 4 de enero de 2015
Convirtiendome en Ester por Charo Washer
“Mujer virtuosa, ¿quién la
hallará?…”
“Pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7).
“Y cuando llegaba el tiempo de cada una de las doncellas para venir al rey Asuero, después de haber estado doce meses conforme a la ley acerca de las mujeres, pues así se cumplía el tiempo de sus atavíos, esto es, seis meses con óleo de mirra y seis meses con perfumes aromáticos y afeites de mujeres, entonces la doncella venía así al rey. Todo lo que ella pedía se le daba, para venir ataviada con ello desde la casa de las mujeres hasta la casa del rey” (Ester 2:12-13).
Siempre me ha maravillado el tipo de preparación
que la futura reina Ester tuvo que atravesar antes de poder ir ante
el rey Asuero.
¿Alguna de nosotras querría atravesar doce meses
de tratamientos de belleza antes de conocer al hombre de nuestros
sueños? Probablemente no, pero aún así, imagina las posibilidades.
Un año apartada para un solo propósito: convertirte en todo lo que
puedes ser para la persona que más amas. Un tiempo precioso para
cultivar la belleza, para hacer una inversión en educación y
etiqueta, para fortalecer la virtud y construir el carácter.
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