Es significativo que uno de los nombres bíblicos de
Cristo es Admirable, Consejero (Isaías 9:6). Él es el consejero Supremo y
Definitivo a quien podemos acudir en busca de consejo, y Su Palabra es
el pozo del cual podemos extraer sabiduría divina. ¿Qué podría ser más
maravilloso que eso?
De hecho, uno de los aspectos más gloriosos de la
perfecta suficiencia de Cristo es el maravilloso consejo y gran
sabiduría que Él provee en nuestros tiempos de desesperación, confusión,
miedo, ansiedad y tristeza. Él es el Consejero por excelencia.
Ahora esto no es para restar importancia a que los
cristianos se aconsejen entre sí. Hay sin duda una necesidad crucial
para la consejería bíblica sana dentro del cuerpo de Cristo. No me gustaría cuestionar de ninguna manera el papel importante de los que están
espiritualmente dotados para ofrecer aliento, discernimiento, consuelo,
consejo, compasión, y ayudar a los demás.
De hecho, uno de los mismos problemas que ha llevado a
la actual plaga de una consejería errónea es que las iglesias no se han
esforzado para que las personas con ese tipo de dones espirituales
puedan ministrar excelentemente. La complejidad de esta era moderna hace que
sea más difícil que nunca tomar el tiempo necesario para dedicar el
tiempo necesario para escuchar con atención, servir a otros a través de
la entrega personal, mostrarse compasivo, y proveer la comunión cercana
necesaria para que el cuerpo de la iglesia disfrute de salud y
vitalidad.
Las iglesias han acudido a la psicología para suplir
este vacío, pero esto no puede funcionar. Los psicólogos profesionales
no son sustitutos de personas espiritualmente dotadas, y el consejo que
la psicología ofrece no puede reemplazar la sabiduría bíblica y el poder
divino. Por otra parte, la psicología tiende a hacer que la gente
dependa de un terapeuta, mientras que aquellos ejerciendo sus verdaderos
dones espirituales siempre dirigen a la gente hacia un Salvador todo
suficiente y Su toda-suficiente Palabra.

