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miércoles, 4 de febrero de 2015

No solo de pan vivirá el hombre por John Piper



Mateo 3:16-4:4
Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente; y he aquí, los cielos se abrieron, y Él vio al Espíritu de Dios que descendía como una paloma y venía sobre Él. Y he aquí, se oyó una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido”. “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces tuvo hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Pero Él respondiendo, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
A lo largo de este año hemos visto en Hechos 13 a los profetas y maestros de Antioquía ayunar, y hemos oído a Jesús decirnos que cuando el novio, es decir, Él mismo, fuese llevado de este mundo, entonces sus acompañantes, es decir, nosotros, sus discípulos, ayunaríamos. Y hoy podemos ver a Jesús, el Hijo de Dios, ayunando.
 
Espero Dos Cosas de Este Mensaje 
 
Espero que este mensaje logre dos cosas. Una es que conozcamos mejor a Jesús. La semana pasada le oímos hacer una maravillosa declaración: que el novio había venido (Dios se llamaba a sí mismo el novio y esposo de Israel en el Antiguo Testamento). Ahora, Jesús nos ésta diciendo: el novio está aquí. Hoy en día vemos a Jesús en este texto como representante y cabeza de un nuevo Israel, como un nuevo Josué preparándose para llevar a su pueblo a la tierra prometida, no sin antes ser probado en el desierto.
Lo segundo que espero, además de conocer mejor a Jesús, es que comprendamos mejor el ayuno y veamos más en profundidad su valor espiritual para nosotros como individuos y como iglesia. Creo que debería darnos tranquilidad, comprender que el Hijo de Dios comenzó su ministerio con un ayuno de 40 días. Deberíamos detenernos por un momento y pensar en esto. Deberíamos preguntarnos: ¿qué hay sobre mí, Señor? ¿Puedo enfrentarme a los grandes retos de mi vida cristiana sin participar del ayuno de Jesús?
¿Podemos como iglesia experimentar la plenitud del poder y la bendición de Cristo sin buscar humildemente al Señor por medio del ayuno? Estos días son cruciales. Siento conmoción en mi corazón por lo que Dios está preparando para nosotros. Cuando el personal de la iglesia ayunó el miércoles pasado y oró, el Señor nos dio palabras llenas de esperanza. El último párrafo de mi informe anual de 1994 decía así:
Y finalmente, gracias a todos ustedes por su oración y su constante aliento. Soy feliz en este trabajo porque ustedes han estado orando. ¡Qué privilegio es estar aquí! Hay una brisa fresca en el aire. Mis velas están izadas. El cielo se está aclarando. El Señor está a bordo y me dice que lograré una buena pesca de hombres no muy lejos de la orilla.
¡Mi corazón anhela que Dios trabaje más profundamente en medio de nosotros! Un trabajo que verá cada semana un nuevo nacimiento sobrenatural en sus vidas ungidas en estas ciudades. Por eso el ayuno es primordial. Charles Spurgeon, un pastor londinense del siglo pasado dijo:
Nuestros tiempos de ayuno y oración en el Tabernáculo han sido de cierto días importantes; nunca antes se han abierto las puertas del Cielo tan ampliamente; nunca antes nuestros corazones han estado tan cerca de la Gloria.
Mi corazón anhela que nosotros como iglesia estemos más cerca de la Gloria Central, que estemos tan cerca del fuego que nos queme el celo de Jesús por su nombre y por este mundo en deterioro.
Veamos ahora Su ayuno.

martes, 3 de febrero de 2015

La oración, el ayuno y el curso de la historia por John Piper


Hechos 13:1–4.
“En la iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simón llamado Niger, Lucio de Cirene, Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca, y Saulo. Mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado. Entonces, después de ayunar, orar y haber impuesto las manos sobre ellos, los enviaron. Ellos, pues, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia y de allí se embarcaron para Chipre”.
Esta mañana, comienzo una serie de mensajes sobre la práctica bíblica de ayunar. Esto no es nuevo para nosotros en Bethlehem. Hemos enseñado esto antes y hemos llamado a ayunar, especialmente, durante la Semana de Oración en los años anteriores. Sin embargo, cuando hicimos la encuesta en el servicio matutino de hace varias semanas, descubrimos que el 40% de la congregación presente en esa mañana llevaba tres años o menos en Bethlehem, lo que podría significar que el ayuno es una disciplina bíblica en la que no se piensa mucho y que, mucho menos, se practica, pues no es una práctica generalizada en las congregaciones del movimiento evangélico.
Espero quedarme en esta disciplina bíblica y espiritual bastante descuidada al menos durante el mes de enero y, quizás, durante un poco más, si el Señor así lo quiere. Si has leído el Bethlehem Star (la Estrella de Bethlehem ), entonces sabes que nosotros ayunamos durante un período de 24 horas por semana en este mes, en concreto, desde la cena del martes hasta el almuerzo del miércoles, todo este mes al comienzo del año 1995. Es decir, nos saltamos el desayuno y el almuerzo del miércoles y dedicamos esos tiempos de comer, si es posible, a ayunar y orar para que en ese año hubiera un gran despertar en el cuerpo de Cristo, un renacer de la santidad, de la felicidad, de la oración, de la fidelidad y del fruto al ministrarnos unos a otros y al alcanzar la muerte. Mi oración es que, por medio de estos mensajes, ustedes escuchen el llamado de Dios en mi llamado a ayunar.