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martes, 21 de julio de 2015

Serie de las doctrinas de la gracia: V. La Perseverancia Final de los Santos por Charles Spurgeon


"No obstante, proseguirá el justo su camino." -- Job 17: 9
El hombre que es justo ante Dios tiene un camino propio. No es el camino de la carne, ni tampoco es el camino del mundo; es un camino que el mandato divino le ha señalado, y en el que él camina por fe. Es la calzada del Rey de la santidad, y el impío no transitará por ella: sólo los que son rescatados por el Señor caminarán por esa calzada, y éstos descubrirán que es un sendero de separación del mundo.

Una vez que ha entrado en el camino de vida, el peregrino debe perseverar en él o perecer, pues así ha dicho el Señor: "Y si retrocediere, no agradará a mi alma." La perseverancia en el camino de fe y santidad es una necesidad del cristiano, pues solamente "el que persevere hasta el fin, éste será salvo." Sería en vano brotar rápidamente como la semilla que es sembrada sobre la roca, para luego secarse rápidamente cuando el sol está en lo alto; eso solamente demostraría que una planta así no tiene raíces, pero "Se llenan de savia los árboles de Jehová," y permanecen y continúan y dan fruto, aun en su ancianidad, para demostrar que el Señor es recto.

Hay una gran diferencia entre el cristianismo nominal y el cristianismo real, y esto generalmente se puede comprobar en el fracaso de uno y en la perseverancia del otro. Ahora, la declaración del texto es que el hombre verdaderamente justo proseguirá su camino; no regresará, no saltará los vallados ni se desviará a la derecha ni a la izquierda, no descansará quedándose sin hacer nada, ni tampoco desmayará ni dejará de andar su camino; sino que él "proseguirá su camino." Frecuentemente le resultará muy difícil hacerlo, pero él tendrá tal resolución, tal poder de gracia interna que le ha sido otorgado, que él "proseguirá su camino," con firme determinación, como si se sostuviera con sus dientes y no esté dispuesto a soltarse.

lunes, 13 de julio de 2015

Serie de las doctrinas de la gracia: IV. La Redención Particular por Charles Spurgeon

"Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos." Mateo 20:28
Cuando recibí por primera vez la responsabilidad de ocupar este púlpito, y de predicar en esta sala, mi congregación tenía la forma de una masa irregular de personas procedentes de todas las calles de esta ciudad, que venían para escuchar la Palabra. Se trataba simplemente de un evangelista, que predicaba a muchos que no habían oído el Evangelio anteriormente. Por la gracia de Dios, ha ocurrido un cambio muy bendito; y ahora, en vez de tener una multitud irregular que se reúne, mi congregación es tan permanente como la de cualquier otro ministro de la ciudad de Londres.

Desde este púlpito puedo observar los rostros de mis amigos, que han ocupado los mismos lugares, hasta donde es posible, durante todos estos meses; y tengo el privilegio y el placer de saber que una gran proporción, ciertamente las tres cuartas partes de las personas que se congregan aquí, no son personas que asisten por pura curiosidad, sino que son mis oyentes regulares y constantes.

Y pueden observar que mi carácter también ha cambiado. Antes era un evangelista, pero ahora mi responsabilidad ha pasado a ser la del pastor de ustedes. Ustedes eran antes un grupo muy variado, reunido para escucharme, pero ahora estamos unidos por los lazos del amor; por nuestra asociación hemos aprendido a amarnos y a respetarnos los unos a los otros, y ahora ustedes se han convertido en las ovejas de mis pastos, y miembros de mi rebaño; y yo tengo el privilegio de asumir la posición de un pastor en este lugar, como también de la capilla donde trabajo por las tardes.


lunes, 6 de julio de 2015

Serie de las doctrinas de la gracia: III. El Llamamiento Eficaz por Charles Spurgeon

 
"Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa." Lucas 19:5
No obstante nuestro firme convencimiento que ustedes, en general, están bien instruidos en las doctrinas del Evangelio eterno, en nuestras conversaciones con jóvenes convertidos nos damos cuenta de cuán absolutamente necesario es repasar nuestras primeras lecciones, y afirmar y demostrar repetidamente esas doctrinas que se encuentran en la base de nuestra santa religión. Por lo tanto, nuestros amigos a quienes se les ha enseñado la grandiosa doctrina del llamamiento eficaz desde hace mucho tiempo, comprenderán que dado que yo predico de manera muy sencilla el día de hoy, el sermón está dirigido a quienes son jóvenes en el temor del Señor, para que entiendan mejor este grandioso punto de partida de Dios en el corazón, el llamamiento eficaz de los hombres por medio del Espíritu Santo.

Voy a usar el caso de Zaqueo como una gran ilustración de la doctrina del llamamiento eficaz. Ustedes recordarán la historia. Zaqueo sentía curiosidad de ver al Hombre maravilloso Jesucristo, el cual estaba poniendo el mundo al revés, y causando una inmensa excitación en las mentes de los hombres. Algunas veces nos parece que la curiosidad no es buena, y afirmamos que es pecado venir a la casa de Dios motivados por la curiosidad; no estoy muy seguro que debamos aventurar una afirmación de esa naturaleza. El motivo no es pecaminoso, aunque ciertamente tampoco es virtuoso; sin embargo, a menudo se ha comprobado que la curiosidad es uno de los mejores aliados de la gracia.

martes, 30 de junio de 2015

Serie de las doctrinas de la gracia: II. La Elección por Charles Spurgeon



"Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo."  2 Tesalonicenses 2: 13, 14.

Si no hubiera ningún otro texto en la sagrada Palabra excepto éste, pienso que todos deberíamos estar obligados a recibir y reconocer la verdad de esta grandiosa y gloriosa doctrina de la eterna elección que Dios ha hecho de Su familia. Pero parece que hay un prejuicio muy arraigado en la mente humana en contra de esta doctrina. Y aunque la mayoría de las otras doctrinas son recibidas por los cristianos profesantes, algunas con cautela, otras con gozo, sin embargo esta doctrina parece ser despreciada y descartada con frecuencia.

En muchos de nuestros púlpitos se consideraría gran pecado y alta traición, predicar un sermón sobre la elección, porque no podrían convertir su sermón en lo que ellos llaman un discurso "práctico." Creo que ellos se han apartado de la verdad en este asunto. Cualquier cosa que Dios ha revelado, la ha revelado con un propósito. No hay absolutamente nada en la Escritura que no se pueda convertir, bajo la influencia del Espíritu de Dios, en un discurso práctico: pues "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil" para algún propósito de provecho espiritual.

Es verdad que no se puede convertir en un discurso sobre el libre albedrío (eso lo sabemos muy bien) pero sí se puede convertir en un discurso sobre la gracia inmerecida: y el tema de la gracia inmerecida es de resultados prácticos, cuando las verdaderas doctrinas del amor inmutable de Dios son presentadas para que obren en los corazones de los santos y de los pecadores.

lunes, 29 de junio de 2015

Serie de las doctrinas de la gracia: I. La Incapacidad Humana por Charles Spurgeon


"Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere" Juan 6:44
"Venir a Cristo" es una frase muy común en la Santa Escritura. Se usa para describir esas acciones del alma por las que, abandonando de inmediato nuestros pecados y nuestra justicia propia, volamos hacia el Señor Jesucristo y recibimos Su justicia para revestirnos con ella y Su sangre para que sea nuestra expiación. Venir a Cristo, entonces, encierra el arrepentimiento, la negación de uno mismo y la fe en el Señor Jesucristo. Incluye en sí todas esas cosas que son el acompañamiento necesario de estos grandiosos estados del corazón, tales como la creencia en la verdad, la diligencia en la oración a Dios, la sumisión del alma a los mandamientos del evangelio de Dios y todas esas cosas que acompañan el amanecer de la salvación en el alma.

Venir a Cristo es la única cosa esencial para la salvación de un pecador. Quien no viene a Cristo, haga lo que haga y crea lo que crea, está todavía en "hiel de amargura y en prisión de maldad." Venir a Cristo es el primerísimo efecto de la regeneración. En el momento en que el alma es vivificada, de inmediato descubre su condición perdida, y se horroriza ante esa condición, busca refugio y creyendo que Cristo es el refugio adecuado, vuela hacia Él y descansa en Él.

Donde no existe este venir a Cristo, no hay una señal cierta de una nueva vida. Donde no hay una vida nueva, el alma está muerta en delitos y pecados y estando muerta no puede entrar en el reino de los cielos. Tenemos frente a nosotros un aviso muy sorprendente, incluso detestable para algunas personas. Venir a Cristo, que es descrito por muchas personas como la cosa más fácil del mundo, es considerado por nuestro texto como algo total y enteramente imposible para cualquier hombre, a menos que el Padre le lleve a Cristo.