viernes, 20 de marzo de 2015

Dios implacable por Paul Tripp



Dios está enojado, y su ira es implacable.

Si estaba
s tratando de persuadir a alguien hacia la fe cristiana, no creo que sea la primera línea que usarías. Después de todo, ¿no es el cristianismo todo acerca de un Dios abundantemente misericordioso que ama a sus hijos? ¿No Nos dice que adoramos a un Dios de perdón, la misericordia, la paciencia y el amor?

Estas dos afirmaciones son completamente ciertas: Dios esta implacablemente enojado y al mismo tiempo lleno de gracia. Esto puede ser una yuxtaposición difícil de comprender para nosotros, por lo que en el devocional de hoy, quiero mostrarte cómo la ira y la gracia de Dios viven juntas en armonía en todo el primer capítulo de Jonás.

Hay tres instancias de la cólera de Dios: la tempestad, el echar suertes, y el gran pescado. Cuando Jonás huye, el Señor envía una tormenta que amenaza con romper el buque; cuando los marineros echaron suertes, sabemos que Dios controlaba el resultado (Proverbios 16:33); y cuando Jonás es tragado por el pez, se sienta en su vientre durante tres días y tres noches.

No es suficiente decir que Dios sólo
permitió que a estas dificultades entrarán en la vida de Jonás; no, creo que eso sería mala teología. Más bien, el primer capítulo de este libro deja claro que Dios envió personalmente estas dificultades a las puertas de Jonás. Yo también diría que Dios hizo esto por causa de su ira.

Puedes ver, Dios no abandona su trono, ni le permitirá a los rebeldes seres humanos hacer descarrilar el buen plan que tiene para el universo. Se niega a escuchar a nuestros "no" y se enoja cuando huimos de su plan. No es incorrecto decir que Dios es obstinado, él tercamente se niega a cambiar su curso de acción elegido, a pesar de nuestros intentos de persuadirlo de lo contrario.

Pero aquí es donde entra en juego la gracia: Dios envió a la tormenta, determina
la suerte al echarla, y mantiene el profeta en el vientre del pez, todo por el bien de Jonás. Sabemos que Dios no estaba empeñado en destruir a este hombre; el propósito de la dificultad era para atraerlo de vuelta. La ira de Dios expresada no era vengativa, y su obstinación hacia la huida de Jonás era lo mejor que le podia pasar a Jonás.

Hay tres cosas que quiero dejarles con respecto a la ira y la gracia de Dios. En primer lugar, si estás en Cristo, no tienes que temer la ira del Señor. En la cruz, Jesús absorbió la ira completa de Dios. Él pagó el castigo por nuestros pecados para que podamos tener la garantía de que el Padre nunca expresará la ira destructiva y eterna contra nosotros.

Pero en segundo lugar, vamos a sentir ira redentora en esta vida. Dios personalmente entregará gracia incómod
a a nuestra puerta, no para hacernos daño, sino para que nos ayude. Como Jonás, vamos a experimentar el dolor y el sufrimiento de la mano de Dios, porque es la única manera para que nuestros corazones huidizos sean llevados cerca de Dios de nuevo.

Y, por último, la ira de Dios es la esperanza del universo. En un mundo donde abunda la maldad, necesitamos un Dios que se opondra a lo que está mal. Ya sea en este mundo o en el juicio que sigue, el mal no va a ganar. Dios está enojado con el estado actual de nuestro mundo, y será tratado con justicia.

Dios los bendiga

Paul David Tripp


Preguntas para la reflexión
  1. ¿Dónde experimentaste enojo esta semana?
  2. ¿Fue tu ira impulsada por la santidad o el egoísmo? En otras palabras, Dios se enojaria por la misma cosa que te hizo enojar?
  3. ¿Por qué es tan difícil mantener nuestra ira santa y pura?
  4. ¿Dónde podrías estar experimentando la ira redentora, o la gracia incómoda, en tu vida hoy? ¿Sientes que es más perjudicial que útil?
  5. ¿Cómo has experimentadola ira redentora, o la gracia incómoda, en el pasado? ¿Cómo eso te fue de ayuda?

Traducción:
gustavo Morel

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