miércoles, 25 de febrero de 2015

9 Marcas de una Iglesia saludable por el ministerio 9Marks




El ministerio 9Marks nos señala las 9 marcas de una iglesia saludable, a través de este artículo podremos observar estas 9 marcas y sobre cada marca veremos estos tres puntos desarrollados: ¿Qué es? ¿Dónde se encuentra en la Biblia? y ¿Por qué es importante? y también veremos cual es la misión de este ministerio y un poco de su historia, espero les sea de bendición.

9 MARCAS DE UNA IGLESIA SALUDABLE

I. PREDICACIÓN EXPOSITIVA

¿Qué es?
Un sermón expositivo toma el mensaje principal de un pasaje de la Escritura, lo convierte en el mensaje principal del sermón y lo aplica a la vida de hoy.
 
¿Dónde se encuentra en la Biblia?
  • Según la Escritura, Dios lleva a cabo su voluntad a través de su Palabra (Gn. 1:3; Is. 55:10-11; Hch. 12:24). Esto significa que si los predicadores quieren que sus sermones estén llenos del poder de Dios, deben predicar lo que Dios dice.
  • La Biblia tiene muchos ejemplos de esta clase de predicación y enseñanza: los sacerdotes levitas enseñaron la Ley (Dt. 33:10), Esdras y los levitas leyeron la ley y comunicaron su sentido (Neh. 8:8), y Pedro y los apóstoles expusieron la Escritura y animaron a sus oyentes a responder con arrepentimiento y fe (Hch. 2:14-41, 13:16-47).
  • Por otro lado, Dios condena a aquellos que “hablan de su propia imaginación, y no de la boca de Jehová” (Jer. 23:16, 18, 21-22).
¿Por qué es importante?
La predicación expositiva es importante porque la Palabra de Dios es la que convence, convierte, edifica y santifica al pueblo de Dios (He. 4:12; 1 P. 1:23; 1 Ts. 2:13; Jn. 17:17). La predicación que convierte el mensaje principal del texto en el mensaje principal del sermón, hace que sean los propósitos de Dios los que gobiernen a la iglesia, no los propósitos del predicador.

lunes, 23 de febrero de 2015

La Cruz de Cristo, la vindicación de la causa de Dios por Martyn Lloyd-Jones


Al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar su justicia en este tiempo: para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” Romanos 3:25-26.

Con el fin de dirigir su atención a las grandes palabras que se encuentran en el capítulo 3, versículo 25 y 26, de la epístola de Pablo a los Romanos, quiero recordarle nuevamente que en muchos sentidos, no hay versículos más importantes en todo el alcance y esfera de las Escrituras, que estos dos versículos. En ellos tenemos la afirmación clásica de la gran doctrina central de la Expiación. Este es el porqué los consideraremos muy cuidadosa y detalladamente. Algunos han descrito esto como “El acrópolis de la fe cristiana”.

Podemos estar seguros de que no hay nada que la mente humana pudiera jamás considerar, que sea en alguna manera tan importante como estos dos versículos. La historia de la iglesia muestra muy claramente, que estos versículos han sido el medio que Dios El Espíritu Santo ha usado para traer muchas almas de las tinieblas a la luz, y para dar a muchos pobres pecadores, el primer conocimiento salvador y su primera certidumbre de salvación.

miércoles, 18 de febrero de 2015

La crisis de Génesis por Cameron Buettel


La mayoría de nosotros estamos familiarizados con los políticos que a preguntas sencillas dan respuestas políticas complejas. ¿Quién puede olvidar a Bill Clinton decir "Depende de lo que el significado de la palabra 'es' sea”? Desafortunadamente, esto existe en el ámbito de la teología también. Dios no puede ser "un Dios de confusión" (1 Corintios 14:33), pero hay decenas de estudiosos de la Biblia, teólogos y pastores que insertan un montón de cosas en los primeros capítulos del Génesis.

En el Evangelicalismo abundan los teólogos que no saben cuál es el significado de la palabra "día". La palabra hebrea para día, yom, aparece más de dos mil veces en el Antiguo Testamento y no trae prácticamente ningún debate si no fuera por seis apariciones específicas en Génesis 1. Pero esos seis días de la creación estan ahora en desacuerdo con los métodos cientificos modernos para establecer una fecha. En lugar de mantenerse firme en el relato bíblico, líderes de la iglesia consienten a las teorías indemostrables y que confunden la enseñanza bíblica clara y coherente sobre los orígenes.

jueves, 12 de febrero de 2015

23 cosas que el amor es por Paul Tripp


El año pasado publiqué un artículo con una larga lista de definiciones de lo que es el amor, 23 definiciones para ser exactos. Puesto que y yo tenemos la tendencia a ser distraídos y olvidadizos, quiero publicar la lista de nuevo.

Con el Día de San Valentín
acercandose, aquí está un recordatorio centrado en el Evangelio acerca de cómo amar. Pero, no tienes que estar románticamente enamorado para encontrar esta lista práctica. Cada relación sana requiere amor y sacrificio, así que si tú eres un padre, hijo, hermano, vecino, pastor, o compañero de trabajo, esta lista es para ti.

Dios los bendiga en sus relaciones, y que el Espíritu Santo los ayude a amar con un amor que no es el de ustedes (sino el amor de Dios).

23 cosas que el amor es 

  1. El amor es ... estar dispuesto a tener complicaciones en tu vida por las necesidades y luchas de otros sin  impaciencia o ira. 
  2. El amor es ... combatir activamente la tentación de ser crítico y juzgar a otros mientras buscas formas de alentar y elogiar. 
  3. El amor es ... hacer un compromiso diario para resistir los momentos innecesarios de conflictos que vienen de señalar y de responder a las ofensas menores 
  4. El amor es ... siendo amorosamente honesto y humildemente accesible en momentos de incomprensión. 
  5. El amor es ... estar más comprometidos con la unidad y la comprensión de lo que estas con ganar, acusar, o tener la razón. 
  6. El amor es ... hacer un compromiso diario de admitir tu pecado, debilidad y fracaso y resistir la tentación de ofrecer una excusa o pasar la culpa a otro. 
  7. El amor es ... estar dispuesto, cuando te enfrentas a otra persona, a examinar tu corazón más que el aumentar tu defensa o cambiar el enfoque.
  8. El amor es ... hacer un compromiso diario para crecer en amor para que así el amor que ofreces a otros sea cada vez más desinteresado, maduro, y paciente.
  9. El amor es ... no estar dispuesto a hacer lo que está mal cuando has sido agraviado, sino buscar de formas concretas y específicas superar el mal con el bien. 
  10. El amor es ... ser un buen estudiante del otro, en busca de sus necesidades físicas, emocionales y espirituales para que de alguna manera puedas remover la carga, apoyarlos a medida que la llevan, o alentarlos en el camino.
  11. El amor es ... estar dispuesto a invertir el tiempo necesario para analizar, examinar y comprender los problemas de relación que enfrentas, mantener la concentración hasta que se elimine el problema o se ha acordado una estrategia de respuesta. 
  12. El amor es ... estar dispuesto a pedir perdón siempre y siempre estar comprometido a conceder el perdón cuando se solicita. 
  13. El amor es ... reconocer el alto valor de la confianza en una relación y ser fiel a tus promesas y fiel a tu palabra. 
  14. El amor es ... hablar con bondad y gentileza, incluso en momentos de desacuerdo, negándote a atacar el carácter de la otra persona o su inteligencia. 
  15. El amor es ... no estar dispuesto a halagar, mentir, manipular o engañar de ninguna manera con el fin de controlar a la otra persona para que te de lo que quieres o hacer algo a tu manera. 
  16. El amor es ... no estar dispuesto a pedir a otra persona que sea la fuente de tu identidad, significado y propósito, o sentido interno de bienestar, mientras te niegas a ser la fuente de los suyos.
  17. El amor es ... la voluntad de tener menos tiempo libre, menos horas de sueño, y un horario más ocupado con el fin de ser fieles a lo que dios te ha llamado a ser y hacer como esposo, padre, vecino, etc.
  18. El amor es ... un compromiso a decir no a los instintos egoístas y hacer todo lo que está dentro de tu capacidad para promover la verdadera unidad, comprensión funcional, y el amor activo en tus relaciones. 
  19. El amor es ... permanecer fiel a tu compromiso de tratar a otros con aprecio, respeto y tolerancia, incluso en momentos en que la otra persona no parece merecerlo o no está dispuesta a corresponderte.
  20. El amor es ... la voluntad de hacer sacrificios regulares y costosos para el bien de una relación sin pedir nada a cambio o usar tus sacrificios para colocar la otra persona en deuda. 
  21. El amor es ... no estar dispuesto a tomar cualquier decisión personal o elección que perjudicaría a una relación, dañaría a la otra persona, o debilitaría el vínculo de confianza entre los dos.
  22. El amor es ... negarse a ser auto-centrado o exigente, sino en lugar de ello buscar maneras específicas de servir, de apoyar, y alentar, incluso cuando estás ocupado o cansado. 
  23. El amor es ... admitir diariariamene sobre ti mismo, la otra persona, y Dios que no puedes ser impulsado por un amor cruciforme sin la protección de Dios, proporcionando, el perdón, rescate, y redención de la gracia.

—Paul Tripp 


Traducción: gustavo Morel 

 

martes, 10 de febrero de 2015

Cómo orar en medio de la crisis por Martyn Lloyd-Jones


El carácter de la verdadera oración

Habacuc expresa en forma de oración la revelación que Dios le dio. No obstante, esta oración es al mismo tiempo una maravillosa pieza de poesía titulada: «Oración del profeta Habacuc, sobre Sigionot». Fue una oración acompañada de música, ni triste ni alegre, sino expresiva de una profunda emoción. No hay duda de que el profeta fue movido hasta las fibras más profundas de su ser con emociones conflictivas, pero predominaron aquellas de triunfo y victoria.

Todo el capítulo es un registro de la oración del profeta. La oración es más que una simple petición, e incluye alabanza, agradecimiento, reminiscencia y adoración. El recuento de la historia tal como lo hace el profeta es, con frecuencia, una parte esencial de la oración. Las grandes oraciones de la Biblia, son aquellas que los hombres han efectuado, recordándole a Dios lo que él ha hecho en el pasado. Basaron sus peticiones sobre esos hechos, de manera que todo este capítulo constituye una gran oración.

El segundo verso de este capítulo es un modelo de lo que debe ser la actitud de un cristiano en un tiempo de crisis o adversidad. Hoy nos enfrentamos a una situación mundial que bien puede conducir a los creyentes de mente espiritual a pensar en este libro de Habacuc. Nuestro problema vuelve a ser: ¿Por qué no interviene Dios? ¿Por qué permite Dios estas cosas? ¿Por qué es que los impíos tienen tanto éxito? ¿Por qué no desciende Dios para avivar a su Iglesia? Ante estas situaciones nuestra actitud debe ser la misma del profeta. ¿Lo es en verdad? ¿Lo fue durante los oscuros días de guerra? Hay ciertos peligros sutiles que siempre amenazan al creyente de la misma manera que lo hicieron con el profeta Habacuc. El diablo como «un ángel de luz», procura sacar ventaja de cualquier perplejidad nuestra, y nos hace mirar a lo que no corresponde y torcer de esta manera, nuestra actitud hacia Dios. Aquí tenemos delante nuestro la actitud que debe caracterizar al cristiano en un tiempo de adversidad y de prueba.


Elementos esenciales en la oración verdadera

Humillación

En primer lugar notamos cómo el profeta se humilló a sí mismo, o sea, su actitud de humillación. «Oh, Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh, Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer». Ya no es la actitud de alguien que alterca con Dios o de quien lo cuestiona acerca de lo que permitió que ocurriera como puede apreciarse en los primeros capítulos. Ni siquiera protesta por lo que Dios le ha dicho. De la perplejidad intelectual ha progresado a una convicción espiritual. Tampoco apela a Dios para que invierta su propósito de juicio. Menos aún existe un pedido para que Dios detenga su mano del juicio y perdone a Israel. Sí, observamos en el profeta un reconocimiento de que la decisión de Dios para con su pueblo, es perfecta; que Dios es absolutamente justo y que el castigo para Israel está bien merecido; todo esto refleja una completa sumisión a la voluntad de Dios (1). No hay ningún esfuerzo por defender a Israel o a sí mismo, sino una franca confesión de pecado y un reconocimiento de la justicia, santidad y rectitud de Dios. Como Daniel dice: «Nuestra es la confusión de rostro». No queda un solo vestigio de justicia propia, sino un completo reconocimiento de pecado y total sumisión al juicio de Dios que se avecina sobre la nación.

¿Cómo llegó Habacuc a esta posición? Al parecer, ocurrió cuando dejó de pensar en su propia nación, o en los caldeos, y contempló sólo la santidad y la justicia de Dios contra el oscuro fondo del pecado en el mundo. Nuestros problemas con frecuencia se pueden rastrear en nuestra insistencia en mirar al problema inmediato según nuestra propia óptica, en lugar de observarlo a la luz de Dios. Mientras Habacuc estaba mirando a Israel y a los caldeos, estuvo turbado. Ahora los ha dejado de lado y sus ojos se han fijado en Dios. Ha vuelto a la esfera espiritual de la verdad, de la santidad de Dios, del pecado en el hombre y el mundo, de manera que puede ver los eventos en una perspectiva completamente nueva. Ahora se ocupa de la gloria de Dios y no de otra cosa. Tuvo que olvidar que los caldeos eran peores pecadores que los judíos, y reconocer que Dios los iba a utilizar a pesar de plantear un problema tan complejo. Esa actitud le había hecho olvidar el pecado de su propia nación, por eso se concentró en los pecados de otros, los cuales aparentaban ser más graves. Mientras permanecía en esta actitud, quedó en la perplejidad, descontento en su mente y corazón. Sin embargo, el profeta fue levantado completamente de ese estado para ver la maravillosa visión de Dios en su santo templo, y la humanidad pecaminosa y todo el universo debajo de él. Al ver los hechos de esta manera, la distinción entre israelitas y caldeos se tornó en algo sin importancia. Ya no era posible considerar la exaltación ya sea como nación o como individuo. Cuando las circunstancias se observan desde un punto de vista espiritual, sólo puede haber un reconocimiento de que «todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» y que «el mundo entero está bajo el maligno» (Ro 3.23; 1 Jn 5.17). La santidad de Dios y el pecado del hombre son lo único que cuenta.

Aquí está la clave de la situación actual. ¿Vemos nuestra necesidad de humillarnos? ¿Vemos esta necesidad como miembros de la Iglesia? ¿La vemos como ciudadanos de nuestra nación? Nos enfrentamos con una situación mundial, sin saber qué es lo que va a ocurrir. ¿Habrá otra guerra? Si nuestra actitud todavía es: ¿por qué Dios permite esto?, ¿qué hemos hecho para merecer todo esto?, quedará al descubierto que aún no hemos aprendido la lección que aprendió Habacuc. No nos hemos humillado lo suficiente. Hemos pasado por alto que las dos grandes guerras mundiales fueron consecuencia inevitable de la impiedad de los últimos cien años, y todo por la arrogancia y el orgullo del hombre. ¿Ha reconocido la Iglesia que su condición actual y mucho de su sufrimiento se debe al castigo de Dios por la infidelidad y apostasía en que la misma Iglesia ha caído? Por mucho tiempo la propia Iglesia ha negado lo sobrenatural y milagroso, y ha puesto en duda la deidad de Dios y exaltado a la filosofía por encima de la revelación. ¿Tiene la Iglesia derecho a protestar si es que ahora está pasando por tiempos difíciles?, ¿se ha humillado en polvo y en ceniza?, ¿ha reconocido y confesado su pecado?, ¿tiene acaso el mundo derecho a protestar? A pesar de los juicios de Dios sobre nosotros, ¿ha habido humillación?, ¿existe un espíritu de arrepentimiento? Si lo hay, ¿dónde está?

No es bíblico ni tampoco espiritual mirar sólo a lo que es evidentemente impío. Cristianos y aun sus líderes tienden a dar la impresión de que el único problema es la posmodernidad. Han caído en el error en que Habacuc estuvo atrapado por un tiempo. Con frecuencia oímos decir: La Iglesia cristiana no es perfecta, pero la cultura posmoderna es peor, o: La Iglesia no es todo lo que debería ser, pero ¡miren tal o cual posición! Por tanto, no vemos la verdadera necesidad de la humillación. Muchos solo ven un problema —los caldeos o la cultura posmoderna— y mientras permanecen mirando ese problema no sienten ninguna necesidad de humillarse. La lección que aprendió el profeta Habacuc fue que el problema no tenía que ver con el nacionalismo o el antagonismo entre naciones. Se trataba de la santidad de Dios y el pecado. No nos queda más que humillarnos delante de Dios. Nada podría ser tan desastroso, o tan antibíblico como que la Iglesia considere que su primer deber es combatir al comunismo y, menos aún, el ser conducido a tal campaña por la iglesia romana. No hay tal cosa como la unión de la Iglesia y el Estado. Estos problemas no deben ser considerados políticamente, sino espiritualmente. Nuestra principal preocupación deber estar en la santidad de Dios y el pecado del hombre; ya sea en la Iglesia, en el Estado o en el mundo. A pesar de todo lo que se pueda decir de lo que se oponga a Cristo, lo primero que debemos preguntar es: ¿Qué de mí mismo? El hecho de que haya otros peores que yo, ¿significa que yo estoy bien? ¡Daniel y Habacuc no lo vieron así! Todos nosotros, al igual que Habacuc, debemos confesarle a Dios: ¡Hemos pecado contra ti y no tenemos derecho alguno de rogar en tu presencia que mitigues la sentencia! Se requiere con urgencia tal auto-humillación.

Adoración

Existe un segundo elemento en la oración y es el de la adoración. «Oh Jehová, he oído tu palabra y temí». Temor no significa en este caso que Habacuc sintiera temor por las situaciones que habían de venir, según la revelación que Dios le dio. No se trataba del temor por el sufrimiento que había de venir. La expresión sugiere más bien estar embargado por el asombro en la presencia de un Dios tan grande; la de una profunda adoración y respeto por Dios y sus caminos. Dios le había hablado acerca de su plan histórico. Por eso, el profeta, meditando sobre el hecho de que Dios está en su santo templo y todo el mundo a sus pies, quedó maravillado y asombrado. Cuando reconoció la santidad y el poder de Dios, dijo: «Temí». La actitud de «temor reverente» de la que se habla en Hebreos 5.7, es una actitud que no vemos entre cristianos, ni siquiera entre evangélicos. Existe un exceso de liviana familiaridad con el Dios Altísimo. Gracias a él, podemos entrar en su presencia confiadamente por medio de la sangre de Jesucristo. Sin embargo, esto jamás debería reducir nuestra reverencia y temor piadoso. El antiguo pueblo de Dios, en particular los más espirituales, vivían tan conscientes de la santidad y grandeza de Dios que aún temblaban al invocar su nombre. La santidad y el poder de Dios les hacía temblar y quedaban prácticamente estupefactos. Debemos acercarnos al Señor «agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor» (He 12.28,29).

Esto es esencial para un buen entendimiento de los tiempos en que vivimos. Debemos aprender a ver a Dios en su santo templo, por encima del flujo de la historia y de las cambiantes escenas del tiempo. En la presencia del Señor lo más sobresaliente es la naturaleza santa de Dios y nuestro propio pecado. Nos humillamos y con reverencia le adoramos.

Petición

Finalmente llegamos al aspecto de la petición. El apóstol Pablo dice: «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego». La verdadera oración siempre incluye estos tres elementos: humillación, adoración y petición. ¿Cuál es la petición en el caso de Habacuc? No es liberación o alivio, ni tampoco que Dios tenga misericordia de su pueblo, ni que impida la guerra con los caldeos. No pide que se evite el sufrimiento, el saqueo de Jerusalén y la destrucción del templo. No efectuó tal petición porque había comprendido que estos eventos eran inevitables y estaban bien merecidos. No le pide a Dios que cambie su plan. La única carga que pesa sobre el profeta ahora es su preocupación por la causa, la obra, y el propósito de Dios en su propia nación y en el mundo entero. Su único deseo es que las cosas estén bien hechas. Había llegado al punto en que, en efecto, podía decir: ¡Lo que yo y mis compatriotas tengamos que sufrir, no importa, con tal de que tu obra sea avivada y mantenida en pureza! Su gran ruego es que Dios avive su obra en medio de los tiempos. «Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer». La expresión «en medio de los tiempos», o «en medio de los años» (2) se refiere a esos eventos terribles y que estaban profetizados para ser cumplidos en esos tiempos. Una paráfrasis adecuada podría ser: «En medio de los tiempos de sufrimiento y calamidad que tú has predicho, aun en medio de ellos, oh Señor, aviva tu obra.» Esta es una oración sumamente apropiada para la Iglesia en el día de hoy. Si nos preocupamos más por el riesgo que significa afrontar otra guerra mundial que por la pureza y bienestar espiritual de la Iglesia, esto representa una seria reflexión sobre nuestro cristianismo. ¿Qué es lo que principalmente nos preocupa como creyentes? ¿Son los eventos del mundo que nos rodea? ¿O es el nombre y la gloria de nuestro Dios Todopoderoso, la salud y condición espiritual de su Iglesia, la prosperidad y el futuro de su causa entre los hombres? Para Habacuc solo había una preocupación. A pesar de saber lo que iba a ocurrir rogó por un avivamiento de la causa de Dios en Israel.

La palabra hebrea utilizada para «aviva», tiene el significado básico de «preservar» o «mantener vivo». El gran temor de Habacuc era que el pueblo de Dios fuera completamente destruido, de manera que oró pidiendo: Preserva, oh Dios, mantén en vida, no permitas que sea abatido. Además, avivar no sólo significa mantener en vida o preservar sino también purificar, corregir, y eliminar lo malo. Esta es siempre una acción esencial en la obra de avivamiento que Dios hace. En cada una de las historias de avivamiento leemos que Dios ha purificado, eliminando el pecado, la escoria y las demás cosas que frenaban su causa.

Hay otro factor importante y es que mientras la Iglesia es preservada, purificada y corregida, está siendo preparada para la liberación. El profeta observa la calamidad que se aproxima y dice: «Oh Señor, mientras somos castigados, prepáranos para la liberación que ha de venir. Haz que todo tu pueblo sea digno de la bendición que has de derramar.» Parece decir: Recuerda tu obra, y haz que sea lo que siempre quisiste que sea; que la Iglesia funcione como debe funcionar. Esta oración, al igual que la de Daniel, fue respondida en forma concluyente cuando estaban en cautividad en Babilonia, en manos de los caldeos. Dios contestó el pedido de un avivamiento por medio del castigo, y precisamente durante el tiempo en que el castigo se ejecutaba.

La apelación final de Habacuc es conmovedora. «En la ira, acuérdate de la misericordia». Matthew Henry señala en su comentario que Habacuc no pide a Dios: «Oh, Señor, comprendo que este castigo era necesario, pero recuerda que hemos procurado ser buenos, y que han habido peores períodos en nuestra historia.» No le pide a Dios que los recuerde por algún mérito, sino que ruega para que en medio de su ira se acuerde de la misericordia. «Ira» significa la perfecta justicia y rectitud de Dios. Todo lo que hace es recordarle a Dios su propia naturaleza y de ese otro aspecto de su divina persona, que es la misericordia. Pareciera decir: «Mitiga la ira con misericordia. No podemos pedir más que tú actúes como eres, y que en medio de la ira, tengas misericordia de nosotros.»

Aquí tenemos una oración modelo para el tiempo en que nos toca vivir. En los días de oración nacional durante la segunda guerra mundial, parecía predominar el criterio que nosotros estábamos bien. Además, creíamos que todo lo que debíamos hacer era pedir que Dios derrotara a nuestros enemigos, quienes eran los únicos que estaban mal (3). No se dio lugar a una verdadera humillación ni a la confesión de pecado, ni lamento por nuestra pecaminosidad y separación de Dios. El mensaje del libro de Habacuc es que nos humillemos en verdad, olvidando a los demás y aquellos que son peores que nosotros. Debemos vernos tal como somos en la presencia del Señor y confesar nuestros pecados y encomendarnos en sus manos todopoderosas. Hasta que no hagamos todo eso, no tenemos derecho a disfrutar de la paz y la felicidad.

Mientras el mundo no aprenda estas tremendas lecciones de la Palabra de Dios, no hay esperanza para él. Habrá guerras y más guerras. Que Dios nos dé la gracia para aceptar este mensaje de la Biblia y aprender a ver las situaciones no desde el punto de vista político, sino del espiritual.

Este principio tiene aplicación personal. Debemos enfrentar nuestra situación personal de la misma manera, preguntándonos: ¿Hay algo en mi vida que está mereciendo el castigo de Dios? Examinémonos y humillémonos bajo la poderosa mano de Dios y preocupémonos principalmente por el estado de nuestras almas. El problema es que siempre miramos a la situación y al problema, en lugar de procurar descubrir si hay algo en nuestra vida que conduce a Dios a proceder de esta manera. En el momento en que yo me preocupo realmente del estado de mi corazón, en lugar de mi aflicción, estoy ya transitando por la avenida de la bendición de Dios. La epístola a los Hebreos declara que la disciplina es una prueba de que somos hijos de Dios. «El Señor al que ama disciplina» (He 12.6). Si no sabemos lo que significa la disciplina, deberíamos alarmarnos pues si somos hijos de Dios, él se interesa por nosotros y se ha propuesto llevarnos a la perfección. Si no escuchamos su voz, buscará otra forma para llevarnos al fin propuesto. «El Señor al que ama disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo». Cuando las circunstancias son aparentemente adversas no debemos analizar la situación y formular preguntas, sino mirarnos a nosotros mismos y preguntar: ¿Cómo está mi corazón? ¿Qué me está diciendo el Señor por medio de esto? ¿Qué es lo que hay en mí que merece esta acción por parte de Dios? Después de examinarnos y humillarnos deberíamos colocarnos en las manos de Dios y decir: Tu camino y no el mío, Señor, no importa cuán duro sea. Mi única preocupación es que mi corazón esté bien contigo. Sólo pido que en la ira recuerdes la misericordia, pero sobre todo, continúa con tu obra para que mi alma sea avivada y que sea agradable a tus ojos.

Esa fue la actitud de Habacuc. Fue la actitud de todos los verdaderos profetas de Dios. Es siempre la actitud de la Iglesia en todo tiempo de despertar espiritualmente y experimentar un avivamiento. Es la única actitud correcta, bíblica y espiritual para la Iglesia y para cada creyente en lo individual en esta hora presente. Deberíamos pensar menos en la amenaza de cualquier situación que ponga en peligro a la Iglesia. Deberíamos preocuparnos más por su salud y su pureza, y por sobre todo esto, mostrar preocupación por la santidad de Dios y dolor por el pecado humano.

Tomado y adaptado del libro Del temor a la fe, D. Martyn Lloyd-Jones, Desarrollo Cristiano Internacional-Hebrón.


Notas del autor:

1. Compárese con la oración de Daniel, en Daniel capítulo 9.

2. Compárese la Biblia de Jerusalén que traduce: «En medio de los años» y comenta: «es decir, en nuestro tiempo».

3. Nota del traductor: El autor, siendo de nacionalidad británica, habla en primera persona plural, refiriéndose a sus connacionales.


Puedes encontrar mas materiales de edificación en:
  

lunes, 9 de febrero de 2015

Autoritarismo en la Iglesia por Steve Martin



El Problema

Se puede observar una tendencia trágica y peligrosa en alguna iglesias evangélicas contemporáneas. Algunas iglesias conservadoras y creyentes en la Biblia – aunque asumen una posición en contra de la anarquía y la atmósfera de anti-autoridad de esta generación – se han desviado hacia tendencias sumamente autoritarias. Este triste fenómeno está publicitándose cada vez más y está bien documentado (vea la lista de lecturas sugeridas al final de este artículo.)

¿Por qué esta sucediendo esto? ¿Qué tipo de actitudes engendra el autoritarismo en una iglesia? ¿De quién es la culpa? ¿Qué se puede hacer al respecto?

Antes de avanzar más, es apropiado proveer alguna definición. Para los propósitos de este artículo, se define el “autoritarismo” como el abuso de la autoridad dada por Cristo a través del Espíritu Santo y revelada en la Palabra de Dios y que los oficiales de las iglesias locales han de ejercer. Ha sido mi observación que este abuso de autoridad generalmente asume una o ambas de las siguientes formas.

viernes, 6 de febrero de 2015

Para los atribulados por Charles Spurgeon

 

Un sermón predicado la mañana del domingo 12 de Enero, 1873
"Sobre mí reposa tu ira, y me has afligido con todas tus ondas." Salmo 88:7

La responsabilidad de un pastor consiste no sólo en cuidar a las ovejas felices, sino también en buscar a las enfermas del rebaño, y dedicarse de todo corazón a su consuelo y socorro. Siento, por tanto, que hago lo correcto cuando me pongo como especial objetivo hablarles a aquellos que están atribulados. Aquellos de ustedes que son felices y se regocijan en Dios, llenos de fe y seguridad, pueden muy bien soportar un sermón dirigido a sus hermanos más débiles; inclusive pueden estar alegres y agradecidos de irse sin su correspondiente porción, para que aquellos que están deprimidos en espíritu puedan recibir una doble medida del vino de la consolación. Es más, yo no estoy seguro que inclusive el cristiano más feliz se vea afectado al recordar los días de oscuridad que se escabullen aprisa, "porque son muchos."

Así como los recuerdos de nuestros amigos moribundos vienen a nosotros como una nube, y "humedecen nuestros ardores insensatos," así recordar que hay tribulaciones y aflicciones en el mundo sosegará nuestro regocijo, y prevendrá que degenere en una idolatría de las cosas del tiempo y del sentido. Por muchas razones, mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; la copa de casia amarga contiene virtudes que la copa de vino nunca conoció; moja tus labios con ella, joven amigo, pues no te hará ningún daño. Puede ser, oh tú que hoy rebosas de felicidad, que una pequeña provisión de advertencias y consolaciones sagradas demuestre que no resulta dañina para ti, sino que al contrario muy pronto te pondrá en una posición muy ventajosa. El sermón de esta mañana acerca de la aflicción puede sugerirles unos cuantos pensamientos que, siendo atesorados, madurarán como un fruto de verano, y sazonados por el tiempo, ayudarán a enfrentar el invierno que se aproxima.

miércoles, 4 de febrero de 2015

No solo de pan vivirá el hombre por John Piper



Mateo 3:16-4:4
Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente; y he aquí, los cielos se abrieron, y Él vio al Espíritu de Dios que descendía como una paloma y venía sobre Él. Y he aquí, se oyó una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido”. “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces tuvo hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Pero Él respondiendo, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
A lo largo de este año hemos visto en Hechos 13 a los profetas y maestros de Antioquía ayunar, y hemos oído a Jesús decirnos que cuando el novio, es decir, Él mismo, fuese llevado de este mundo, entonces sus acompañantes, es decir, nosotros, sus discípulos, ayunaríamos. Y hoy podemos ver a Jesús, el Hijo de Dios, ayunando.
 
Espero Dos Cosas de Este Mensaje 
 
Espero que este mensaje logre dos cosas. Una es que conozcamos mejor a Jesús. La semana pasada le oímos hacer una maravillosa declaración: que el novio había venido (Dios se llamaba a sí mismo el novio y esposo de Israel en el Antiguo Testamento). Ahora, Jesús nos ésta diciendo: el novio está aquí. Hoy en día vemos a Jesús en este texto como representante y cabeza de un nuevo Israel, como un nuevo Josué preparándose para llevar a su pueblo a la tierra prometida, no sin antes ser probado en el desierto.
Lo segundo que espero, además de conocer mejor a Jesús, es que comprendamos mejor el ayuno y veamos más en profundidad su valor espiritual para nosotros como individuos y como iglesia. Creo que debería darnos tranquilidad, comprender que el Hijo de Dios comenzó su ministerio con un ayuno de 40 días. Deberíamos detenernos por un momento y pensar en esto. Deberíamos preguntarnos: ¿qué hay sobre mí, Señor? ¿Puedo enfrentarme a los grandes retos de mi vida cristiana sin participar del ayuno de Jesús?
¿Podemos como iglesia experimentar la plenitud del poder y la bendición de Cristo sin buscar humildemente al Señor por medio del ayuno? Estos días son cruciales. Siento conmoción en mi corazón por lo que Dios está preparando para nosotros. Cuando el personal de la iglesia ayunó el miércoles pasado y oró, el Señor nos dio palabras llenas de esperanza. El último párrafo de mi informe anual de 1994 decía así:
Y finalmente, gracias a todos ustedes por su oración y su constante aliento. Soy feliz en este trabajo porque ustedes han estado orando. ¡Qué privilegio es estar aquí! Hay una brisa fresca en el aire. Mis velas están izadas. El cielo se está aclarando. El Señor está a bordo y me dice que lograré una buena pesca de hombres no muy lejos de la orilla.
¡Mi corazón anhela que Dios trabaje más profundamente en medio de nosotros! Un trabajo que verá cada semana un nuevo nacimiento sobrenatural en sus vidas ungidas en estas ciudades. Por eso el ayuno es primordial. Charles Spurgeon, un pastor londinense del siglo pasado dijo:
Nuestros tiempos de ayuno y oración en el Tabernáculo han sido de cierto días importantes; nunca antes se han abierto las puertas del Cielo tan ampliamente; nunca antes nuestros corazones han estado tan cerca de la Gloria.
Mi corazón anhela que nosotros como iglesia estemos más cerca de la Gloria Central, que estemos tan cerca del fuego que nos queme el celo de Jesús por su nombre y por este mundo en deterioro.
Veamos ahora Su ayuno.

martes, 3 de febrero de 2015

La oración, el ayuno y el curso de la historia por John Piper


Hechos 13:1–4.
“En la iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simón llamado Niger, Lucio de Cirene, Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca, y Saulo. Mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado. Entonces, después de ayunar, orar y haber impuesto las manos sobre ellos, los enviaron. Ellos, pues, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia y de allí se embarcaron para Chipre”.
Esta mañana, comienzo una serie de mensajes sobre la práctica bíblica de ayunar. Esto no es nuevo para nosotros en Bethlehem. Hemos enseñado esto antes y hemos llamado a ayunar, especialmente, durante la Semana de Oración en los años anteriores. Sin embargo, cuando hicimos la encuesta en el servicio matutino de hace varias semanas, descubrimos que el 40% de la congregación presente en esa mañana llevaba tres años o menos en Bethlehem, lo que podría significar que el ayuno es una disciplina bíblica en la que no se piensa mucho y que, mucho menos, se practica, pues no es una práctica generalizada en las congregaciones del movimiento evangélico.
Espero quedarme en esta disciplina bíblica y espiritual bastante descuidada al menos durante el mes de enero y, quizás, durante un poco más, si el Señor así lo quiere. Si has leído el Bethlehem Star (la Estrella de Bethlehem ), entonces sabes que nosotros ayunamos durante un período de 24 horas por semana en este mes, en concreto, desde la cena del martes hasta el almuerzo del miércoles, todo este mes al comienzo del año 1995. Es decir, nos saltamos el desayuno y el almuerzo del miércoles y dedicamos esos tiempos de comer, si es posible, a ayunar y orar para que en ese año hubiera un gran despertar en el cuerpo de Cristo, un renacer de la santidad, de la felicidad, de la oración, de la fidelidad y del fruto al ministrarnos unos a otros y al alcanzar la muerte. Mi oración es que, por medio de estos mensajes, ustedes escuchen el llamado de Dios en mi llamado a ayunar.