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viernes, 17 de julio de 2015

Dios expone tu pecado con el fin de salvarte por Tim Conway



"Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios." Juan 3:21

Lo que pasa cuando entramos a la luz es que ella no sólo muestra lo que somos, no solo nos muestra cuán malvados somos; la luz también nos muestra cuan precioso es Cristo. Y mira, no vayas a pensar: “Pues ni modo, creo que tengo que ir a la luz para no ir al infierno.”

Lo que pasa cuando llegas a la luz es que no sólo te das cuenta que estás rumbo al infierno, de pronto Dios abre tus ojos a lo que Cristo es. De pronto no sólo te ves a ti mismo por lo que tú eres, lo miras a Él por lo que Él es. Y Él es completamente hermoso. Y cuando lo miras a Él, no dices: “Pues ni modo, tengo que hacer esto para no ir al infierno.” Tú miras todo esto y ves la hermosura de Cristo y te das cuenta de que ya nada más importa.

No se trata solamente de salvar mi pellejo del infierno, ¡Debo tenerlo a Él! Hay tanta belleza en Él. Todo lo que necesito, todo lo que me satisface, todo lo que es precioso, todo lo que es hermoso, está ahí, está en Él.

Tú ves lo importante que es Su sangre–es perfecta para purificar. Tú ves Su resurrección y el poder de ella por lo que es–algo que me transforma totalmente. Ves en Él la respuesta a todas tus necesidades. Eso es lo que pasa cuando entras a la luz. Dios es luz. Y es por eso que deseamos acercarnos a Él. Y acercarnos a Su luz. ¡Ve hacia Él! Ve y mira a Cristo, la Luz. En este libro, la Biblia, que es la Palabra de Dios, la cual es una lámpara a nuestro pies, ¡Ve a ella! Y mientras lo busques a Él aquí, a Aquel que es luz, tus pecados son expuesto, los confiesas ante Él. Confías.

Jesús dijo: “Creed en la Luz”. Es decir, cree en todo lo que la luz te muestra. Créelo, No huyas de ello. No seas como los fariseos que cuando la luz les brilló, dijeron: “¡No! ¡No quiero tener nada que ver con eso! No, voy a creer lo que yo quiero creer. Voy a creer que conozco a Dios, sin importar cómo sea mi estilo de vida. Yo voy a creer eso.” No, Jesús dice: “Cree en la luz.” Tienes que creer en la luz.

Dios es luz. El perdón de los pecados es un privilegio exclusivo para aquellos que entran a la luz. En la Luz la sangre te limpia. Es en la Luz. No es el privilegio de nadie más. Si tú permaneces en las tinieblas, no hay vida, no hay sanidad.

Trata con el Señor con toda honestidad. Todo dentro de la luz. Esos pecados de los cuales estás tan avergonzado, Dios dice Si tú los traes a la Luz, Te limpiaré por completo. Todas esas cosas de las cuales te avergüenzas y te hacen agachar la cabeza. ¿Recuerdan al publicano en Lucas 18? Él sólo agacha su cabeza porque él sabe, él sólo está avergonzado. Y él lleva todo su pecado, lo llevó todo... ¿Saben que? Él mostró todo su pecado en una palabra. En dos palabras, porque hay un artículo ahí, que es muy importante, “EL pecador”, “Dios, sé propicio a mí, EL pecador.” ¡Oh! ¿Acaso no es una buena forma de resumirlo todo? ¡Qué confesión! Yo soy “EL pecador.” No simplemente “un pecador” Él se reconoce a sí mismo por lo que es. Así como Pablo se reconoció a sí mismo por lo que era –el primero de los pecadores–. Y eso es todo... “Señor, ese soy yo, aquí estoy.” ¿Y qué ocurrió? Jesús dice que él volvió a casa justificado. ¿Qué significa eso? Limpio de todas sus injusticias. Limpio. ¿Qué fue lo que hizo? Expuso todo a la luz.

Pero el fariseo, él estaba en tinieblas. “Mírame, yo soy bueno. No soy como este hombre. Mira todas las cosas buenas que yo hago”. Déjame enumerarlas: “Yo hago esto, esto, esto y esto.” Él no está en la luz. Está en tinieblas. No estaba confesando nada. Estaba jactándose. Y podemos ver aquí algo, “Dios es luz” tiene una relación con nuestra manera de vivir, con la manera en la que nos relacionamos con Dios, con la manera en la que confesamos el pecado, y con dónde se encuentra sanidad. Y siempre se encuentra en la luz.

Algunos de ustedes están en tinieblas. Pero si tú estás en tinieblas no tienes que quedarte ahí. ¿Y sabes qué?, la única razón por la que te quedarás ahí, es exactamente por la verdad que se encuentra en Juan 3:20-21. La única razón por la que permanecerás en tinieblas es porque odias la luz, porque tus obras son malas y en verdad tú no quieres ser expuesto. Vas a ser expuesto. ¿Dolerá?... Sí. Siempre que Dios aplasta tu orgullo, te duele. Porque eres tú.

Pero es como todo aquí en la tierra. Es una aflicción momentánea y pasajera, a la luz del eterno peso de gloria. ¿Es doloroso venir a la luz? Sí, es doloroso. Hay quebranto, hay lágrimas, toda la imagen que tienes de ti mismo es destruida. Es decir, eso es lo que me pasó a mí aquella noche, mientras estaba sentado ahí en Oshemo, Michigan y la luz se encendió y me dejó al desnudo. La luz te va a arruinar en cuanto a lo que piensas que eres. Pero es una ruina positiva, porque Dios primero hiere para poder curar. No tengas miedo. No tengas miedo. Es una luz sanadora. Es una luz buena. Dios no expone tu pecado para reírse de ti, o para burlarse de ti y ridiculizarte. Él expone tu pecado para poder hacerte uno de Sus hijos, para hacerte digno de ser la esposa de Su Hijo.

Oración:
Señor, te pido que Tu luz alumbre tanto, cada ves más resplandeciente hasta ese día eterno. Que pueda brillar radiantemente en este lugar. Que encontremos pecadores corriendo hacia esta luz, la gloriosa luz de Cristo, y de Su salvación, del poder de Su Sangre. Oh Señor, que este no sea un lugar donde se permita que el pecado permanezca en las sombras. Que la luz de tu Palabra brille. Que la luz de Cristo sea real. Señor, te pedimos gracia para seguir a Cristo, no para caminar en tinieblas. Que la Luz de vida verdaderamente alumbre a este lugar, porque Dios, que es luz, ha elegido habitar entre un pueblo escogido. Indigno, pero escogido. Amén.

—Tim Comway


Transcripción:
gustavo Morel


Fuente:

Puedes ver más videos de Tim Conway en https://illbehonest.com

miércoles, 15 de abril de 2015

Miserable por Paul Tripp




¿Alguna vez te sientes atrapado y enredado por el pecado?

Me gustaría poder decir que desde que
he llegado a una fe salvadora, he encontrado una total libertad del pecado. Me gustaría poder decir con honestidad que toda mi vida ha sido un reflejo de Romanos 6:11 "Muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús" Pero, lamentablemente, eso no es la realidad de mi vida.

Claro, yo he encontrado la libertad en ciertas áreas. Yo solía ser un hombre muy enojado, y por la gracia liberadora de Dios,
esa ira ha desaparecido. Yo solía estar cautivado por ciertos placeres, y por la gracia de Dios que me lo permite, he sido capaz de disciplinarme a mí mismo. Pero sin embargo, después de todos estos años de experimentar la fidelidad de Dios, aún me encuentro atrapado y enredado.

¿Por qué es que luchamos día tras día? ¿Y cómo finalmente
podemos liberarnos? Eso es lo que este artículo trata.

lunes, 6 de abril de 2015

El pecado por J.C. Ryle


Gran parte de los errores, herejías y doctrinas falsas tan comunes en nuestro tiempo, se originan y tienen su causa en ideas poco claras y poco profundas sobre el pecado. Si una persona no se ha dado cuenta de la peligrosa naturaleza de la enfermedad de su alma, no nos extrañe que se contente con remedios falsos o imperfectos.


Una de las necesidades más imperiosas de nuestro siglo ha sido, y es, la de una enseñanza más clara y completa de lo que es el pecado.
Acordémonos siempre de que la pecaminosidad del hombre no viene de fuera, sino que brota del interior de su corazón. No es el resultado de una formación deficiente en la infancia; no se debe a las malas compañías y a los malos ejemplos, como muchos cristianos débiles con demasiada indulgencia conceden. ¡No! Es una enfermedad familiar que todos hemos heredado de nuestros primeros padres Adán y Eva, con la cual hemos nacido.
El más hermoso de los bebés que haya nacido este año, y que se ha convertido en el centro de los afectos y atenciones de la familia, no es, como favoritamente lo llama su madre, un ‘pequeño ángel’ o un ‘pequeño inocente’, sino un ‘pequeño pecador’. ¡Ah! Por mucho que sonría y se mueva en la cunita, pensad que en su corazón lleva las semillas de la iniquidad. Vigiladle estrechamente mientras crece en estatura y su mente se desarrolla, y pronto descubriréis en él una tendencia constante hacia aquello que es malo, y un alejamiento de todo aquello que es bueno. Descubriréis en él los brotes y los orígenes del engaño, de un temperamento malo, del egoísmo, de la voluntad propia, de la obstinación, de la avaricia, de la envidia, de los celos y de las pasiones que, de no ser reprimidas y controladas a tiempo, se desarrollarán con dolorosa rapidez. ¿Quién enseñó al niño estas cosas? ¿Dónde las aprendió? Sólo la Biblia puede dar respuesta a estas preguntas.
Qué poco nos damos cuenta de la astucia del pecado! Somos demasiado propensos a olvidar que la tentación al pecado raramente se presentará a nosotros en sus colores verdaderos, y diciéndonos: ‘Yo soy vuestro enemigo mortal y deseo vuestra ruina eterna en el infierno’ ¡Oh, no! La tentación se acerca a nosotros como Judas, con un beso; y como Joab, con mano amiga y palabras aduladoras.
Estoy persuadido de que cuanta más luz se tiene, más se llega a ver la pecaminosidad del corazón; de ahí que cuanto más cerca esté el creyente del cielo más debe revestirse de humildad.
La mejor manera de subsanar un cristianismo endeble, es predicar y llevar a primer plano la vieja doctrina bíblica de la pecaminosidad del pecado. La gente no volverá sus rostros hacia el cielo, hasta que no llegue a experimentar la realidad del pecado y el peligro del infierno. Esforcémonos para predicar en todas partes está olvidada doctrina del pecado.
Confrontemos a la gente con la ley. Expongamos los Diez Mandamientos y golpeemos las conciencias con la amplitud, profundidad y altura de sus requerimientos. Esto fue lo que hizo el Señor Jesús en el Sermón del Monte; y lo mejor que nosotros podemos hacer es imitarle. La gente nunca acudirá verdaderamente a Jesús, permanecerá con Jesús y vivirá con Jesús, a menos que vea su necesidad y sepa por qué ha de acudir. Las almas que verdaderamente acuden a Jesús, son aquellas a las que el Espíritu Santo ha dado convicción de pecado. Sin una convicción genuina de pecado los hombres podrán actual como si en verdad siguieran a Jesús, pero tarde o temprano volverán al mundo.
Cuando un pecador ve su pecado lo único que desea ver es al Salvador. Experimenta sobre sí los efectos de una enfermedad terrible, y sólo el gran Médico puede curar sus dolencias. Tiene hambre y sed, y desea el agua de vida y el pan de vida. No tendríamos tanto romanismo en nuestro país si en los últimos veinticinco años la doctrina de la pecaminosidad del pecado hubiera sido predicada.
el concepto bíblico del pecado viene a ser un antídoto admirable contra el concepto tan pobre que hoy en día se tiene de la santidad personal. Ya sé que este tema es muy delicado y doloroso, pero no por ello lo pasaré por alto. Ya desde hace tiempo, mi triste convicción es de que la regla de vida diaria ha ido descendiendo y va empobreciéndose cada vez más entre los que profesan ser creyentes. Mucho me temo que aquella caridad a la semejanza de Cristo, aquella amabilidad y buen temperamento, aquel desinterés y mansedumbre, aquel celo y deseo de hacer el bien, aquella consagración y separación del mundo, que eran tan apreciadas por nuestros antepasados, en nuestro tiempo, no tienen la estima que deberían tener.
No pretendo desarrollar exhaustivamente las causas que han ocasionado este estado de cosas, sino que haré algunas conjeturas para la consideración del lector. Quizá se deba a que cierta profesión de fe religiosa se ha puesto tan de moda y fácil, que las corrientes que eran estrechas y profundas ahora se han ensanchado y perdido profundidad; lo que se ha ganado en apariencia externa, se ha perdido en calidad. Quizá se deba a la prosperidad material registrada en los últimos veinte años y que ha introducido en el cristianismo una plaga mundana de indulgencia propia y ‘amor a la buena vida’. Lo que antes eran lujos, ahora son necesidades; la abnegación y el espíritu de sacrificio ahora casi se desconocen. Quizá la gran controversia religiosa de nuestro tiempo haya secado la vida espiritual de muchos. A menudo nos hemos contentado con mostrar celo por la pureza doctrinal del Evangelio y hemos descuidado las sobrias realidades de una vida de piedad. Sean cuales sean las causas, los resultados permanecen: el nivel de santidad personal del creyente ha bajado, y ¡el Espíritu Santo está siendo contristado! Todo esto requiere, por nuestra parte, una sincera y profunda humillación y un examen de corazón.
No es necesario ir a Egipto o adoptar prácticas semi-romanas para reavivar nuestra vida espiritual. No hay necesidad de que instauremos de nuevo el confesionario o volvamos al monasticismo y al ascetismo. ¡Nada de eso! Debemos, simplemente, arrepentirnos y hacer nuestras primeras obras; debemos acudir de nuevo a las ‘sendas antiguas’. Debemos arrodillarnos humildemente en la presencia de Dios, y mirar de frente a lo que el Señor Jesús llama pecado y a lo que el Señor Jesús llama ‘hacer su voluntad’. Démonos entonces cuenta de que es terriblemente posible vivir una vida despreocupada, fácil y medio mundana, y mantener, al mismo tiempo, principios evangélicos y considerarnos evangélicos.
A simple vista parece experimentarse en nuestro tiempo un creciente deseo de santidad. Las conferencias para promover una vida de santidad son muy comunes y frecuentes. El tema de la ‘vida espiritual’ es el de muchos congresos y el de muchas reuniones y ha despertado interés general en nuestra nación. De ello deberíamos alegrarnos. Todo movimiento que, basado en sanos principios, tenga como meta profundizar las raíces de nuestra vida espiritual y aumentar la santidad personal, vendrá a ser una verdadera bendición para nuestras iglesias, hará mucho para reunir a los cristianos y salvar las tristes divisiones entre los creyentes. Puede traernos un derramamiento fresco de la gracia del Espíritu y venir a ser vida para los muertos. Pero tal como dije al principiar este escrito, si queremos edificar alto, primero debemos cavar hondo; y estoy convencido de que el primer paso para conseguir una santidad de vida más elevada consiste en darse cuenta de la terrible pecaminosidad del pecado.

J.C. Ryle

Compartido por Alian Zamora Hernández compartido tambien en la pagina de la Iglesia Bautista Sola Escritura de la cual es uno de los administradores puedes encontrar mas material de edificación en su pagina.

martes, 13 de enero de 2015

5 marcas del arrepentimiento por J.C. Ryle


Introducción

Arrepentimiento es un cambio radical en la naturaleza del corazón de las personas, en cuanto al tema del pecado. Todos nacimos en pecado. Por naturaleza amamos el pecado. Nos entregamos al pecado tan pronto como podemos actuar o pensar, al igual que un pajaro puede volar, y un pez nadar. Nunca existió un niño que necesitara ir a la escuela o recibir instrucción para que aprendiera la falsedad, egoísmo, cólera, voluntad propia, glotonería, soberbia y necedad. Estas cosas no son adquiridas por medio de malas compañías, o aprendidas gradualmente por un largo curso de instrucción enfadoso. Brotan por si mismas, aun cuando niños o niñas son criados como hijos únicos. La semilla en ellos es evidentemente el producto natural del corazón. La capacidad de los niños para hacer cosas malas son prueba irrefutable de la corrupción y caída del hombre. Ahora cuando nuestro corazón es trasformado por el Espíritu Santo, cuando este amor natural al pecado es arrojado afuera, entonces toma lugar el cambio que la Palabra de Dios llama "arrepentimiento". Pueden ser llamadas en una palabra, una persona arrepentida.

Pero no me atrevería a dejar el tema así. Este merece una investigación mas intima y minuciosa. No es seguro tratar con declaraciones generales, cuando doctrinas de este índole son manejadas. Tratare de tomar tema del arrepentimiento en pedazos, disecar y analizar delante de sus ojos. Les mostrare las partes y porciones de las que el arrepentimiento esta formado. Me esforzare para mostrar algo de la experiencia de cada persona verdaderamente arrepentida. - Sendas antiguas “arrepentimiento” P. 405, 406 -