sábado, 31 de enero de 2015

Haciendo de la asistencia a la iglesia una prioridad por J.C. Ryle



Haremos bien en recordar la carga: "No abandones el congregarse, como algunos tienen por costumbre" (Heb 10:25.). Nunca esten ausentes de la casa de Dios los domingos, sin una buena razón —nunca falten a la Cena del Señor cuando se administra en nuestra propia congregación. Nunca dejemos nuestro lugar sea vacío cuando medios de gracia están en marcha, esta es una manera de ser un cristiano que crece y prospera. El mismo sermón que nos perdemos innecesariamente, puede contener una palabra preciosa para nuestras almas en ese momento. La propia reunión para la oración y la alabanza de la que nos mantenemos alejados, puede ser la misma reunión que habría alegrado, establecido, y revivió nuestros corazones. Sabemos muy poco de lo dependientes que nuestra salud espiritual está en la pequeña, regular, ayuda habitual y lo mucho que sufrimos si perdemos nuestra medicina.
J. C. Ryle

Pensamientos Expositivos en los Evangelios: Juan, volumen 3, [Carlisle, Pensilvania:
Estandarte de la verdad, 1987], pp. 454-455. {Juan 20: 24-31}

¿Tienes estas marcas de un cristiano? por J.C. Ryle


¿Somos nosotros mismos
el pueblo de Dios? ¿Hemos nacido de nuevo? ¿Tenemos las marcas que siempre acompañan al nuevo nacimiento, convicción de pecado, la fe en Jesús, el amor hacia los demás, una vida recta, la separación del mundo? Nunca debemos estar satisfechos hasta que podamos dar una respuesta satisfactoria a estas preguntas.

~ J. C. Ryle

Pensamientos Expositivos en los Evangelios: Juan, volumen 1, [Carlisle, Pensilvania: bandera de la verdad, 1987], p. 17.

viernes, 30 de enero de 2015

Por qué debemos pensar correctamente sobre Dios por A.W. Tozer


Señor todopoderoso, no el Dios de los filósofos y de los sabios,sino el Dios de los profetas y los apóstoles, y lo mejor de todo, el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo: ¿me permites reconocer tu santidad? Los que no te conocen, quizá te invoquen como otro distinto al que eres, y así no te adoran a ti, sino a una criatura de su propia imaginación; por eso, ilumínanos la mente para que te conozcamos tal como eres, de manera que te podamos amar de manera perfecta y alabarte dignamente. En el nombre de Jesucristo, nuestro Señor, Amén.

Lo que nos viene a la mente cuando pensamos en Dios es lo más importante de nosotros.

Es probable que la historia de la humanidad señalará que ningún pueblo se ha alzado a niveles más altos que su religión, y la historia espiritual del hombre demostrará que ninguna religión ha sido jamás más grande que su concepto de Dios. La adoración será pura, o baja, según el lugar en que el adorador tenga a Dios.

Por esta razón, la cuestión más importante que la Iglesia tiene delante siempre será Dios mismo, y la realidad más portentosa acerca de cualquier ser humano no es lo que él pueda decir o hacer en un momento dado, sino la forma en que concibe a Dios en lo más profundo del corazón. Por una ley secreta del corazón, tenemos la tendencia de acercamos hacia la imagen mental de Dios que poseamos. Esto no es cierto solamente con respecto al cristiano de manera individual, sino también con respecto al conjunto de cristianos que forma la Iglesia. Lo más revelador acerca de la Iglesia será siempre su idea de Dios, así como su mensaje más significativo es lo que diga sobre Él, o lo que deje sin decir, porque con frecuencia, su silencio es más elocuente que sus palabras. Nunca se podrá escapar de la revelación de sí misma que hará cuando dé testimonio acerca de Dios.


Si fuéramos capaces de obtener de algún ser humano una respuesta completa a la pregunta "¿Qué le viene a la mente cuando piensa sobre Dios?", podríamos predecir con certeza el futuro espiritual de ese ser humano. Si fuéramos capaces de conocer con exactitud lo que piensan sobre Dios los más influyentes de nuestros líderes religiosos, podríamos predecir con bastante precisión dónde se hallará la Iglesia mañana.

Sin duda alguna, la palabra de más peso en cualquier idioma es la que utiliza para designara Dios. El pensamiento y el habla son dones de Dios a unas criaturas hechas a su imagen; éstas están íntimamente asociadas con Él, y son imposibles sin Él. Es muy significativo que la primera palabra fuera la Palabra, el Verbo: "y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios". Nosotros podemos hablar, porque Dios habló. En Él,la palabra y la idea son inseparables entre sí.

Que nuestra idea de Dios se aproxime lo más posible al verdadero ser de Dios es algo de inmensa importancia para nosotros. Comparados con nuestros pensamientos reales acerca de Él, nuestras declaraciones en los credos resultan de poca importancia. Nuestra idea real de Dios pudiera hallarse enterrada bajo los desechos de las nociones religiosas convencionales, y quizás se necesite una búsqueda inteligente y vigorosa antes de ser desenterrada y expuesta tal como es. Sólo después de una fuerte prueba de doloroso examen personal, estaremos en condiciones de descubrirlo que creemos en realidad sobre Dios.

Tener un concepto correcto de Dios es algo fundamental, no sólo para la teología sistemática, sino también para la vida cristiana práctica. Es a la adoración lo que los cimientos son al templo; donde sea inadecuado, o esté fuera de plomada, toda la estructura tendrá que desplomarse tarde o temprano. Creo que son muy escasos los errores en la doctrina o en la aplicación de la ética cristiana que no se puedan seguir hasta hallar su origen en unos pensamientos imperfectos e innobles sobre Dios.

Opino que el concepto de Dios que prevalece en esta época es tan decadente, que se encuentra completamente por debajo de la dignidad del Dios Altísimo, y en realidad constituye para los que profesan ser creyentes algo que equivale a una calamidad moral.
Todos los problemas del cielo y de la tierra, aunque se nos presentaran juntos y al mismo tiempo, no serían nada comparados con el abrumador problema de Dios: que Él existe. cómo es Él, y qué debemos hacer nosotros, como seres morales, acerca de Él.

El hombre que llega a unas creencias correctas con respecto a Dios queda aliviado de mil problemas temporales, porque ve de una vez que éstos llenen que ver con cuestiones que, a lo sumo, no le pueden preocupar por largo tiempo; pero aun si se le pudieran quitar las numerosas cargas del tiempo, la poderosa carga de la eternidad comienza a pesar sobre él con un peso más aplastante que todas los sufrimientos del mundo amontonados uno sobre otro. Esa poderosa carga es su obligación con Dios. Comprende un acuciante deber de amara Dios durante toda la vida con todos las fuerzas de la mente y del alma, de obedecerle de manera perfecta y de adorarle de manera aceptable. Cuando la angustiada conciencia del hombre le dice que no ha hecho ninguna de estas cosas, que desde la niñez ha sido culpable de una necia rebelión contra la Majestad del cielo, la presión interna se podría volver difícil de soportar.

El evangelio puede quitar esta carga destructora de la mente, dar gloria en lugar de ceniza, y manto de alegría en lugar de luto. Con todo, a. menos que se sienta el peso de esa carga, el evangelio no podrá santificar nada para el hombre; y hasta que no tenga una visión de un Dios exaltado por encima de todo, no habrá temor ni carga alguna. El bajo concepto de Dios destruye el Evangelio para todo el que lo tenga.

Entre los pecados a los que tiende el corazón humano, es difícil hallar otro que sea más odioso para Dios que la idolatría, porque la idolatría es en el fondo un libelo con respecto a su personalidad. El corazón idólatra da por sentado que Dios es otro distinto a quien es - algo que es en sí un monstruoso pecado - y sustituye al Dios verdadero por otro hecho a su propia semejanza. Este Dios siempre se conformará a la imagen del que lo ha creado,y será bajo o puro,cruel o bondadoso, según el estado moral de la mente de la cual ha surgido.

Es muy natural que un dios engendrado en las sombras de un corazón caído no sea una verdadera semejanza del Dios verdadero. El Señor le dice al malvado en el salmo: ''Tú pensabas que yo era totalmente igual a ti; . En realidad, esto debe constituir una seria afrenta para el Dios Altísimo ante el cual los querubines y serafines claman de manera continua: "Santo, santo, santo, Señor Dios de los ejércitos."

Mantengámonos alerta, no vaya a ser que en nuestro orgullo aceptemos la noción errónea de que la idolatría sólo consiste en doblarla rodilla ante objetos visibles de adoración, y que por tanto, los pueblos civilizados se hallan libres de ella. La esencia de la idolatría consiste en abrigar sobre Dios pensamientos que son indignos de Él. Comienza en la mente, y puede estar presente donde no se haya producido ningún acto abierto de adoración. Pablo dice: "Habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido."

A esto siguió la adoración de ídolos fabricados a semejanza de hombres, y de aves, y de bestias, y de reptiles, pero esta serie de actos degradantes comenzó en la mente. Las ideas equivocadas sobre Dios no sólo son la fuente de la que fluyen las aguas contaminadas de la idolatría; ellas mismas son idolátricas. Nociones pervertidas sobre Dios pronto pudren la religión en que aparecen. La larga historia de Israel demuestra esto con suficiente claridad, y la historia de la Iglesia lo confirma. Es tan necesario para la Iglesia el tener un alto concepto de Dios que, cuando ese concepto declina, la Iglesia, con su adoración y sus normas morales, declina junto con él. El primer paso en este descenso lo toma una iglesia, cualquiera que ésta sea, cuando abandona su alto concepto de Dios.

Antes que la Iglesia cristiana se eclipse en cualquier lugar, debe haber primero una corrupción de su teología más simple y fundamental. Sencillamente, responde de manera errada a la pregunta "¿Cómo es Dios?", y parte de aquí. Aunque pueda continuar aferrada a un credo nominalmente sano, su credo práctico se ha vuelto falso. Las masas de sus adeptos llegan a creer que Dios es diferente a como es en realidad, y esto es herejía de la más insidiosa y mortal de las clases.

La obligación más fuerte de cuantas pesan sobre la Iglesia cristiana de hoy consiste en purificar y elevar su concepto de Dios. En todas sus oraciones y trabajos, esto debiera ocupar el primer lugar. Le haremos el mejor de los servicios a la próxima generación de cristianos si les entregamos sin amortiguar ni disminuir ese noble concepto de Dios que recibimos de nuestros padres hebreos y cristianos de generaciones pasadas. Esto demostrará ser de mayor valor para ellos, que todo cuanto se les pueda ocurrir al arte o a la ciencia.

A.W. Tozer

Oh Dios de Betel,de cuya mano
tu pueblo sigue recibiendo su alimento;
tú que has guiado a través
de este cansado peregrinaje
a todos nuestros padres.
Nuestros votos y oraciones presentamos
ante el trono de tu gracia.

Philip Doddridge —cada capitulo del libro termina con una estrofa de un himno—
 
Por qué debemos pensar correctamente sobre Dios, es el capitulo uno del libro “El conocimiento del Dios Santo” del Pastor y escritor A.W. Tozer


Les dejo la descrpción del libro extraída de la contratapa—por Editorial Vida—
 
El conocimiento del Dios Santo es una obra clásica de testimonio cristiano y de consagración, escrito por un destacado vocero del cristianismo evangélico. El doctor A.W. Tozer presenta los atributos de Dios con palabras que van directamente al corazón en esta magnífica obra pensada para fortalecer y profundizar la vida espiritual. Cada capítulo comienza con una oración, estudia de manera lúcida y reverente un aspecto divino -desde la infinitud de Dios hasta su amor- para relacionar después este atributo con el mundo de hoy. Tan informativo como inspirador, El conocimiento del Dios Santo restaura en la mente religiosa popular el concepto supremo que tiene el cristianismo sobre Dios.


miércoles, 28 de enero de 2015

Si el Señor tomara en cuenta la maldad ¿Quién podría mantenerse en pie? por R.C. Sproul



El salmista hizo la pregunta: "Jehová, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, quedaría en pie?" Salmos 130:3 (RVG) Esta pregunta es obviamente retórica. La única respuesta, de hecho la respuesta obvia es nadie.

La pregunta se afirma en una forma condicional. Se limita a considerar las graves consecuencias que siguen si el Señor mirará la iniquidad. Damos un suspiro de alivio al decir, "Gracias a Dios el Señor no mira
la iniquidad!"

Tal es una falsa esperanza. Se nos ha hecho creer por una serie interminable de mentiras, que no tenemos nada que temer de que Dios lleve lacuenta. Podemos estar seguros de que si él es capaz dealgún juicio en absoluto, Su juicio será suave. Si todos fallamos Su pruebano temas— Él calificará bondadosamente. Después de todo, es axiomático que errar es humano y perdonar es divino. Este axioma es tan inamovible que asumimos que el perdón no es meramente una opción divina, sino un verdadero requisito previo para la divinidad misma. Pensamos que no sólo puede ser Dios que perdona, sino que debe ser indulgente o no sería un Dios bueno. ¿Qué tan rápido vamos a olvidar la prerrogativa divina: "Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca." (Romanos 9:15)

martes, 27 de enero de 2015

La maravilla de la Cruz Por Charles Spurgeon


Se lo debemos todo a Jesús crucificado. ¿Cuál es
su vida, mis hermanos, sino la cruz? ¿De dónde viene el pan de tu alma, sino de la cruz? ¿Cuál es tu alegría, sino la cruz? ¿Cuál es tu deleite? ¿cuál es tu cielo, sino el Bendito, una vez crucificado por vosotros, que vive por siempre para interceder por ti? Aférrate a la cruz, entonces, ¡pon tus brazos alrededor de ella! Sosten al Crucificado, y nunca lo dejes ir. Ven de nuevo a la cruz en este momento, y descansa allí ahora y para siempre! Luego, con el poder de Dios sobre ti, ¡sal a predicar la cruz! Cuenta la historia del Cordero inmolado. Repite la historia maravillosa, y nada más. No importa cómo lo hagas, sólo proclama que Jesús murió por pecadores.